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lunes, 9 de marzo de 2009

El cine de Pedro Almodóvar

El próximo 18 de marzo se estrena la nueva película de Pedro Almodóvar, “Los abrazos rotos”, rodeada de la expectación habitual. No hay mucho que decir sobre Almodóvar que no se haya dicho ya. Su cine se ama o se odia. A mí en general me gusta, a veces muchísimo y otras veces, sobre todo en sus primeros trabajos, muy poco.

Ante todo creo que hay que agradecerle el riesgo y la personalidad única que imprime a sus películas. Puede gustar o no, pero ha conseguido crear un estilo único que –eso sí- ha bebido de aquí y de allá. Desde el cine underground estadounidense de los años 60 hasta los melodramas de Douglas Sirk. Desde John Waters hasta Iván Zulueta. Desde el sofisticado drama francés hasta la telenovela sudamericana. Desde la iconografía pop a la copla.

Para mí, uno de los grandes méritos de Almodóvar consiste en hacer tragar (y disfrutar) al espectador unas historias completamente increíbles y disparatadas, pero que en sus manos pueden llegar a emocionar, hacer reír o llorar.

Se podría decir que su primera etapa como director de largometrajes comprende sus 4 primeros títulos: “Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón”, “Laberinto de pasiones”, “Entre tinieblas” y “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Las dos primeras son auténticas gamberradas, reflejos de la llamada “movida madrileña”, que pueden hacer gracia o resultar insufribles. En “Entre tinieblas” intentó empezar a ponerse serio y creo que le salió una de sus peores películas. Todo lo contrario ocurre con “¿Qué he hecho yo…?”, la primera vez en que consigue el equilibrio entre la comedia y el drama, el discurso social y lo irreverente y desenfadado. Además, es la primera vez en la que empiezan a quedar claras algunas de las constantes de su cine: los retratos de personajes femeninos sufridores pero luchadores, los asesinatos domésticos, los personajes secundarios estrafalarios…

Tras esta primera etapa ofrece una de cal y otra de arena: primero la fallida “Matador”, de nuevo intentando ponerse serio con un thriller poco conseguido y después con la estupenda “La ley del deseo”, algo así como su “Arrebato” particular (también protagonizada por Eusebio Poncela). Con ella, se le abren las puertas en Francia y se consolida en España.

El paso siguiente es la conquista de Hollywood y Almodóvar lo consigue gracias a la magnífica “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, en la que se aleja de los barrios bajos y los personajes marginales para inspirarse en la comedia sofisticada norteamérica de los años 40 y 50.
Tras la ruptura Bernardo Bonezzi, su músico habitual, y Carmen Maura, la que había sido actriz fetiche y protagonista de casi todas sus películas, realiza “Átame”, polémica película en la que hace una especie de homenaje no confeso a “El coleccionista”. Después, Francia se rendirá definitivamente a sus pies gracias al melodrama “Tacones lejanos”, pintoresca historia en la que se unen los habituales ingredientes de su cine y demuestra una cada vez mayor sofisticación en la puesta en escena. Sin embargo, "Kika", si siguiente y muy publicitada película sería uno de sus trabajos más fallidos.

“La flor de mi secreto” es otro melodrama, aunque esta vez con buenas dosis de comedia. Es también la primera vez en que trabaja con Alberto Iglesias, quien se encargará a partir de entonces de componer la música de todas sus películas. Le sigue la fallida “Carne trémula”, primera y hasta el momento única adaptación de una obra ajena en su filmografía.

La consagración mundial definitiva se produce con “Todo sobre mi madre”, magnífico compendio de todas sus constantes temáticas y estéticas en una desgarradora historia en la que Almodóvar homenajea a su madre.

Con esta película arranca la que me parece mejor etapa de su carrera hasta ahora ya que inmediatamente dirige la que es para mí su obra maestra: “Hable con ella”, conmovedora historia de un amor imposible en la que alcanza niveles de auténtica perfección. Le sigue la controvertida “La mala educación”, película negra como el carbón no siempre bien entendida. Su último largometraje estrenado hasta el momento es otra de sus joyas, “Volver”, en la que se reconcilió con Carmen Maura y consagró por fin a Penélope Cruz en la industria de Hollywood.

Con el estreno de “Los abrazos rotos” arranca una temporada prometedora para el cine español, ya que este año estrenarán también algunos de los cineastas más exitosos de los últimos años, como Fernando Trueba, Alejandro Amenábar o Julio Medem.



Filmografía:
  • Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón (1980)
  • Laberinto de pasiones (1982)
  • Entre tinieblas (1983)
  • ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)
  • Matador (1986)
  • Mujeres al borde un ataque de nervios (1988)
  • Átame (1990)
  • Tacones lejanos (1991)
  • Kika (1993)
  • La flor de mi secreto (1995)
  • Carne trémula (1997)
  • Todo sobre mi madre (1999)
  • Hable con ella (2002)
  • La mala educación (2004)
  • Volver (2006)
  • Los abrazos rotos (2009)

miércoles, 7 de enero de 2009

Arrebato, de Iván Zulueta

"Arrebato" pasa por ser la más conocida película maldita del cine español. Se diría que es "la película de culto oficial" de la cinematografía española. A ello contribuyen muchas cosas: la mayoritaria indiferencia con que fue recibida en su estreno, el bajísimo presupuesto con que fue realizada, su caótico rodaje, los múltiples significados que se han dado a su sorprendente historia y su director, el donostiarra Iván Zulueta, auténtica "rara avis" del cine español.

El rodaje de la película se realizó en 1979 y, a pesar de su dificultosa gestación, los resultados dieron de sí una de las películas más apasionantes, enigmáticas, inquietantes y sinceras del cine español.

Las interpretaciones de "Arrebato" son muchas y variadas. Su productor, Augusto M. Torres, asegura que es una apología de las drogas y el suicidio. Otros, como los protagonistas Eusebio Poncela, Cecilia Roth, Will More y, sobre todo, Marta Fernández Muro, no están nada de acuerdo con esta afirmación. Iván Zulueta calla. En sus poquísimas apariciones públicas desde el estreno de la película en 1980, prefiere hablar de las anécdotas que rodearon el rodaje y sus pasiones cinematográficas. Las interpretaciones quedan para los demás.

En la película, José Sirgado es un cineasta de serie B que se encuentra desencantado con el cine y con la problemática relación sentimental que mantiene con Ana, actriz drogodependiente que protagoniza sus películas. José recibe un paquete de Pedro P., enigmático personaje apasionado por el cine al que conoció un año antes y del que no volvió a saber. El paquete contiene una cinta de audio y una película que José se dispone a ver. En ellas (película y cinta de audio) Pedro P. cuenta las peripecias que vivió en el último año, desde que José le regaló un temporizador para su cámara de cine. Gracias a él, Pedro encontró el ritmo preciso para las imágenes que rueda. La fascinación que la cámara despierta en Pedro le llevará a un proceso de fagocitación que arrastrará también a José.

Extraña, absorbente, semiexperimental, unas veces incómoda y otras apasionante, "Arrebato" es una experiencia en la que Iván Zulueta se desnudó por completo, narrando con atrevimiento y desparpajo una historia de vampiros modernos oscura, tenebrosa y fascinante. Antonio Gasset dijo de ella que "no es perfecta, ni falta que le hace", mientras que Jaime Chavarri aseguraba que es una obra maestra porque "las obras maestras no son las películas perfectas, sino aquellas que son capaces de trasmitir mayor verdad durante más tiempo". La película tiene algunas deficiencias técnicas, fruto casi siempre de su escaso presupuesto, pero también resulta tan hipnótica y sorprendente que es capaz de arrastrar al espectador mediante una elaboradísima estructura narrativa a través de una historia tan imposible como sorprendentemente inquietante.

"Arrebato" nos recuerda la necesidad de mantener en la edad adulta algo de aquel niño que fuimos, cuando nos dejábamos fascinar por objetos o imágenes aparentemente anodinos (una muñeca de Betty Boop, una colección de cromos de "Las minas del Rey Salomón"…), pero capaces de mantenernos en éxtasis, hipnotizados, con la posibilidad de perder la noción del tiempo y la realidad, arrebatados. José Sirgado se ha hecho adulto y ha perdido esa pasión por las cosas. Ana trata de encontrar ese arrebato a través de la heroína y Pedro P. a través del cine.

Pedro P. es, por tanto, un extravagante y enigmático Peter Pan que viene a salvar a José de su apatía, a recordarle que aún es posible recuperar la pasión y el arrebato propios de la niñez. Él lo ha conseguido al filmarse a sí mismo cuando duerme mientras la cámara lo atrapa poco a poco y, cual vampírica versión de Alicia en el país de las maravillas, invita a José a pasar con él al otro lado del espejo. Sin embargo, el precio por experimentar ese éxtasis (bien sea a través del cine o de la heroína) puede resultar caro. La cuestión es hasta qué punto está dispuesto a llegar cada uno de los personajes… o cada uno de nosotros.

Iván Zulueta llegó demasiado lejos y poco después del estreno de la película hubo de iniciar un proceso de desintoxicación para superar su adicción a la heroína que probablemente le impidió continuar con su carrera cinematográfica, suspendida desde hace casi 30 años.

Y es que, como dice José Sirgado al comienzo de "Arrebato" en una frase involuntariamente premonitoria: "No es a mí a quien le gusta el cine, sino al cine al que le gusto yo".



Iván Zulueta, Festival de Málaga, abril de 2008:


"El recuerdo de la película es fabuloso, como tocar el cielo. El rodaje fue la mezcla de todo lo soñado. Luego, claro, me hubiera gustado trabajar mucho más el guión, haber tenido más tiempo, pero de repente se dieron las condiciones y nos lanzamos, había que terminar aquello como fuese a costa de la planificación (…) La he visto sólo seis veces. He intentado muchas más volver a sentarme frente a ella, pero es imposible. Duele demasiado".



"Llevaba ya mucho tiempo metido en drogas y creía, claro, que lo llevaba bien. Lo aproveché al rodaje pero aquello se desmadró, el rodaje duró mucho más de lo previsto y el montaje se hizo eterno. Cuando terminamos me fui a Ibiza para desconectar y regresé peor. Desde entonces, las situaciones familiares me han obligado a no salir de San Sebastián. Tengo muchos problemas para trabajar, quiero hacer cine pero me cuesta muchísimo pasar de la página en blanco. El problema es que en Euskadi no se distribuye la metadona de manera terapéutica, como en otros sitios, y me resulta difícil encontrarla. Después de Arrebato hice algunos carteles de cine, pero me cuesta demasiado y los últimos que terminé no me gustan".